Terciopelo azul

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Terciopelo azul
Director:
David Lynch

Título Original: Blue Velvet / Año: 1986 /  País: Estados Unidos-Francia / Productora: De Laurentiis Entertainment Group / Duración: 120 min. / Formato: Color - 2.35:1
Guión: David Lynch / Fotografía: Frederick Elmes / Música: Angelo Badalamenti
Reparto:  Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper, Laura Dern, Dean Stockwell, George Dickerson, Jack Nance, Hope Lange, Brad Dourif, Priscilla Pointer, Frances Bay
Fecha estreno: 30/08/1986 (Montréal World Film Festival)

Plano de un cielo azul radiante; la cámara panoramiza en sentido descendente hasta enfocar las bellas flores de un jardín; un bombero saluda amablemente desde el camión que circula por el vecindario (fotograma 1); unos escolares cruzan la calle bajo la protectora mirada de una voluntaria que les da paso; un hombre riega el césped mientras su esposa mira la televisión en el interior de la vivienda… De repente, un pequeño incidente quiebra la armonía del momento: la manguera con la que el hombre está regando se enrosca en una rama y, justo en el momento de intentar liberarla, el hombre cae al suelo a causa de un infarto cerebral. Mientras un pequeño cachorro bebe inocentemente del chorro de agua que brota incontroladamente de la manguera, la cámara se sumerge en la oscuridad de un subsuelo que descubrimos plagado de alimañas (fotograma 2).
 
Después de la estimulante Cabeza Borradora (1977), la académica El hombre Elefante (1980) y la fallida Dune (1984), David Lynch firma con Terciopelo Azul su primera gran obra en la que aborda con maestría uno de los temas centrales de toda su filmografía: el de la existencia de un mundo oscuro e inquietante en el reverso de la aparentemente apacible cotidianidad de la american way of life. Un universo que se muestra al mismo tiempo amenazador y atrayente (justamente por su carácter transgresor con respecto a la normalidad preestablecida) y en el que va a quedar atrapado el joven Jeffrey Beaumont (Kyle MacLachlan) a partir del hallazgo casual de una oreja humana que se va a erigir como la puerta de entrada a ese reverso tenebroso (tal como vemos en la magistral secuencia en la que, mientras el protagonista se dirige a la vivienda del detective Williams - George Dickerson – para preguntar sobre los progresos de la investigación a raíz de su hallazgo, la cámara se introduce literalmente en el orificio de la oreja hasta que la imagen queda completamente a oscuras – fotograma 3).
 
El tema, lógicamente no es nuevo, ni tampoco su tratamiento en clave de cine negro y, de hecho, no me resisto a destacar las similitudes argumentales del film de Lynch con una obra maestra de la época clásica del género como La mujer del cuadro, de Fritz Lang: un hombre que lleva una vida completamente normal se ve sorprendido por un elemento (un cuadro en el film de Lang, una oreja - ! - en el de Lynch) que le va a poner en contacto con una mujer fatal por la que sentirá una irresistible atracción, al tiempo que le arrojará a un submundo al margen de la ley, personificado en un matón que tiene sometida a la mujer y con el que al final el protagonista acabará enfrentándose para, una vez eliminado, regresar repentinamente a la normalidad  como si todo se hubiera tratado de una pesadilla (literalmente así, en el caso de La mujer del cuadro). Lo que hace singular la propuesta de Lynch es que, en lugar de presentarse como una historia de género policíaco, se articula desde los códigos propios de películas juveniles (muy en boga en la época en que fue rodada y quintaesencia del modelo de vida que la sociedad norteamericana más conservadora siempre ha querido entronizar), de modo que la irrupción de un submundo en el que convergen los miedos, pero también los deseos más ocultos, de esa sociedad biempensante no hace sino poner en cuestión los valores morales de esa sociedad que el cine nos ha presentado tantas veces como ideal y fuera de todo cuestionamiento.
 
“Es un mundo extraño”, acierta a pronunciar Jeffrey como respuesta a la inquietud de Sandy Williams (Laura Dern) después de que éste le relate sus sospechas acerca de la situación de sometimiento de Dorothy Vallens (Isabella Rossellini) a manos del gángster Frank Booth (Dennis Hopper). Y seguidamente, se lamenta: “¿Por qué hay gente como Frank? ¿Por qué este mundo es tan problemático?”, a lo que Sandy responde relatando un sueño en el que el mundo sumido en la más absoluta oscuridad por la ausencia de jilgueros (!) acaba recobrando la luz con la repentina llegada de “miles de jilgueros que traen la resplandeciente luz del amor” (!!), mientras escuchamos la música religiosa proveniente de una iglesia que se vislumbra al fondo de la imagen (fotograma 4). La escena, teniendo en cuenta que acabamos de ver al bueno de Jeffrey completamente rendido a los encantos de la misteriosa Dorothy Vallens (primero como accidental voyeur de los perversos juegos sexuales a los que Frank Booth la somete y seguidamente como protagonista en primera persona de las tendencias sadomasoquistas de la cantante – fotograma 5), no puede ser más ridículamente cursi ni mostrar de manera más evidente el punto de vista de Lynch al respecto.
 
Y así, lo que en un principio empieza como un inocente juego adolescente (“Brindemos por una experiencia interesante”, le propone Jeffrey a Sandy justo antes de introducirse por primera vez en el apartamento de Sandy para iniciar su investigación), acabará derivando en una truculenta historia de violencia que acabará desbordando el entorno de armonía y seguridad que hasta ese momento había configurado la existencia del protagonista. Algo que queda ejemplarmente patente en la secuencia en la que, después de asistir a una fiesta en la que Jeffrey le expresa a Sandy su amor (mientras la pareja baila una almibarada canción romántica), y al llegar a casa del protagonista, se encuentran con una Dorothy Vallens completamente desnuda y con actitud enajenada que se echa en brazos de Jeffrey mientras clama entre sollozos y ante la atónita mirada de Sandy: “¡Dejó su semen dentro de mí!” (fotograma 6).
 
Poco importa, en estas circunstancias, que la pesadilla termine repentinamente (aquí de manera todavía más forzada que en el citado film de Lang, una vez eliminados Frank Booth y todos sus hombres) con la milagrosa aceptación de un arrepentido Jeffrey por parte de la beata Sandy: la imagen del bello jilguero que la pareja observa embelesada hasta que Sandy repara en el insecto que el ave lleva atenazado en su pico nos recuerda la existencia de un mundo cruel y tenebroso oculto bajo el manto de nuestra cotidiana y confortable normalidad (fotograma 7).
 
David Vericat
© cinema esencial (enero 2017)
 
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