Atrapado en el tiempo

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Atrapado en el tiempo
Director:
Harold Ramis

Título Original: Groundhog Day / Año: 1993 / País: Estados Unidos / Productora: Columbia Pictures / Duración: 101 min. / Formato: Color - 1.85:1
Guión: Danny Rubin, Harold Ramis (Historia: Danny Rubin) / Fotografía: John Bailey / Música: George Fenton
Reparto: Bill Murray, Andie MacDowell, Chris Elliott, Stephen Tobolowsky, Angela Paton, Rick Overton, Brian Doyle-Murray, Marita Geraghty, Rick Ducommun, Harold Ramis, Rod Sell, Michael Shannon, Peggy Roeder, Les Podewell, Robin Duke
Fecha estreno:  04/02/1993 (preestreno) - 12/02/1993 (USA)

“¿Qué harías si estuvieras en un lugar, cada día fuera igual y nada importara?”

“Eso es el resumen de mi vida”

 

Es difícil encontrar en la última década del siglo pasado (no hablemos ya de lo que llevamos del nuevo) una película que entronque de manera tan directa con la comedia clásica de la época dorada de Hollywood como Groundhog Day. Recogiendo la imagen del título de su versión española, se diría que el cuarto largometraje de Harold Ramis (director con apenas una docena de títulos en su filmografía, ninguno de los restantes a la altura del que nos ocupa) es una obra felizmente atrapada en el tiempo, concretamente en el de los grandes títulos del screwball que dieron al género de la comedia su mejor y más fructífera etapa.

 

Innecesario resumir el argumento de la película, convertida ya en un clásico del género hasta el punto de acuñar como expresión popular la del “día de la marmota” para referirse a una situación que se repite de manera incesante en nuestra vida cotidiana. Baste decir que estamos ante una obra cuya brillante situación de partida es una de las esas (pocas) sobre las que uno no puede evitar pensar aquello de “¡por qué diablos no se le había ocurrido esto a nadie antes!” y, todavía mejor, con un desarrollo de la misma poco menos que inmejorable; algo especialmente meritorio dado el riesgo de derivar en una serie de gags que se dedicaran simplemente a explotar dicha situación inicial con más o menos fortuna.

 

Todo lo contrario, estamos ante una película de ritmo encomiable, con un guion al que apenas le sobra ni le falta nada (dejando de lado alguna concesión propia de su inegable vocación popular), unos diálogos dignos de los grandes del género (“¿Tiene usted déjà vues?”, “Preguntaré en la cocina“; “¿Y si no hay un mañana? ¡Hoy no lo ha habido!”); un protagonista en estado de gracia (hay algo del mejor Cary Grant, en el personaje cínico y huraño que tan espléndidamente interpreta Bill Murray), arropado por una Andie MacDowell que da perfectamente la réplica; un elenco de secundarios a cual más hilarante (desde el pelmazo Ned - Stephen Tobolowsky -, pasando por el cámara Larry - Chris Elliott -, hasta todos los habitantes de la entrañable  Punxsutawney – una población que bien podría haber sido escenario de alguno de los grandes títulos de Capra); y, por supuesto, una colección de gags memorables (en el que destaca un inteligentísimo uso de la elipsis, especialmente acertado dada la repetición de situaciones que el argumento provoca). Si a todo ello le añadimos una lúcida reflexión sobre temas tan trascendentes como el del tedio provocado por la vida rutinaria, nuestra capacidad para alterar nuestro día a día o para manipular los sentimientos de las personas que nos rodean, podemos concluir que nos encontramos ante toda una (feliz) rareza en el triste panorama de la comedia de, cuando menos,  las últimas tres décadas del cinematógrafo.

 

La narración de los episodios que componen el inicio del primer día del meteorólogo Phil en Punxsutawney es clave para desarrollar los gags que se van a producir en cada fatídica repetición del día de la marmota: el dialogo de los dos locutores de radio dando los buenos días a la audiencia (precedido por la sempiterna I got you babe, que se convertirá en la terrible señal de la maldición en la que ha caído el protagonista – fotograma 1); el encuentro de Phil con el orondo huésped en la escalera del hotel; su conversación con la encargada en el restaurante del establecimiento; su tropiezo con el excompañero de instituto, ahora agente de seguros, Ned (y, por su puesto, su accidente con el charco de agua en el que sumerge el pie una y otra vez – fotograma 2); y la grabación del reportaje sobre los festejos que  tienen lugar durante el día la marmota, darán lugar a un sinfín de variaciones en las que el protagonista sacará a relucir toda una gama de reacciones (extrañeza, sorpresa, cinismo, ingenio, crueldad, hastío…) a medida que vaya tomando conciencia de su insólita situación.

 

Pero, como ya se ha dicho, la película no se queda en una colección de gags generados a partir de la sorprendente situación de partida, sino que transita hacia terrenos mucho más complejos en los que la evolución del personaje será un elemento primordial. Así, vemos cómo el protagonista pasa del extrañamiento (en el primer día en el que revive el fatídico día de la marmota), a la angustia (cuando se lamenta por haber quedado atrapado justamente en uno de los días más aciagos de su vida, en lugar de, por ejemplo, aquél que pasó “en las islas vírgenes, comiendo langosta junto a una joven escultural”), la euforia (al descubrir que vuelve a despertarse en la habitación de su hotel después de haber sido encarcelado por actos vandálicos la noche anterior), el hastío (anticipando con absoluta indiferencia cada uno de los movimientos de los habitantes de Punxsutawney, como si se tratara de un director de cine dirigiendo una y otra vez la misma anodina secuencia), la desesperación (lo que le llevará al primero de sus muchos intentos de suicidio), el endiosamiento (“soy inmortal”, exclama ante una incrédula Rita para, seguidamente y como prueba de sus palabras, contarle con todo detalle la vida de todos y cada uno de los clientes del bar en el que se encuentran – fotograma 3; o el episodio en el que se empeña en salvar la vida a un mendigo al que se ve condenado a ver morir una y otra vez al final de cada repetición de la jornada – fotograma 4) y la locura (manifestada, entre otros momentos, en sus distintas reacciones a la hora de cubrir para la cadena de televisión los actos del día de la marmota).

 

Una evolución en la que tendrá no menos importancia la trama amorosa de la historia, con el protagonista aprendiéndose todos y cada uno de los intereses, filias y fobias de Rita para conseguir conquistarla (lo que dará lugar, de nuevo, a una impagable colección de gags entre la pareja) y estrellándose una y otra vez con la imposibilidad de manipular por completo los sentimientos de su amada (situación que quedará plasmada en la colección de bofetadas que Phil recibirá de Rita a cada nuevo intento – fotograma 5) hasta llegar por fin a comprender que la única manera de conseguir su amor será dejando fluir de forma espontánea sus verdaderos sentimientos, rompiendo con ello el maleficio para lograr escapar por fin al ansiado e incierto mañana.

 

David Vericat
© cinema esencial (Agosto 2017)

 

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